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¿Crecimiento o desarrollo? La definición ausente en estas elecciones presidenciales

Por Horacio Fuentes, presidente de Constramet

Hasta el momento, las candidaturas presidenciales han centrado sus propuestas y promesas especialmente en temas de la coyuntura y que representan conflictos que a los chilenos nos hacen sentido, aunque sin necesidad de detenernos a pensar con más detenimiento, por lo que las campañas se han quedado en la presentación de buenos titulares junto con colocar temas en función de las encuestas o estudios de opinión.

Sin embargo, prácticamente todas las candidatas y candidatos han coincidido en la necesidad de “crecer”, refiriéndose al crecimiento económico como una herramienta que resolvería los problemas de nuestra sociedad, sin mencionar con precisión si el crecimiento en algún momento abriría el paso a un desarrollo como el que los chilenos esperamos. Los trabajadores creemos que el desarrollo pasa necesariamente por que el crecimiento económico debe incluir a todos.

Frente a esta afirmación queremos señalar algunas cuestiones que nos inquietan, cuando nos encontramos a pocas semanas de elegir a quienes nos gobernarán por los próximos cuatro años.

Nosotros nos preguntamos: ¿qué ha pasado con el crecimiento de estas décadas, desde que Chile optó por el camino de hacer grandes negocios con los derechos básicos de sus habitantes?, ¿cómo entendemos el desarrollo cuando se ha privatizado la salud, la educación y transformando la seguridad social y previsión en un negocio, cuando existe escasa o nula regulación de los servicios de luz, agua y otros?, ¿qué pasa cuando los consumidores somos postergados, sin que nadie responda, a no ser por multas irrisorias y poco claras?

Nos inquieta que nuestro país represente el 0,37% del PIB mundial en un listado de 193 países (según el FMI 2016), no obstante, de acuerdo a la revista Forbes, este año Iris Fontbona (familia Luksic) apareció en el puesto 84 del ranking del orbe con una fortuna de US$13,7 mil millones. En 2016 la familia Luksic no se ubicó entre los 100 primeros más ricos, pero figuró en el número 119 con un patrimonio de US$10.400 millones y en 2015 alcanzó el lugar 82.

Creemos entonces que, tal como hace décadas se pensaba que el desarrollo identificaba a aquellos países que no dependían de otros para su progreso industrial y tecnológico, que por cierto era nuestro camino y que estaba inspirado en esa creencia, el modelo que se practicaba hasta los años setenta significaba ver con esperanza el futuro de los chilenos y, especialmente, el de los trabajadores.

Es así como la riqueza que producía el país se repartía de la siguiente forma: hasta el año 1973, lo que se destinaba del Producto Interno Bruto, según el Banco Central, a remuneraciones representaba un 65,5%, en tanto las utilidades o excedentes se quedaban con un 24,5%. En cambio, después de más de cincuenta años y con esta forma de acumulación, el año 2015 las remuneraciones equivalen a un 38,5% y los excedentes a un 50,4%.

La forma en que se ha concentrado el capital, se debe fundamentalmente al escaso número de trabajadores que negocian colectivamente y a la incapacidad de hacerlo más allá de los límites de la empresa. La negociación colectiva, según la Fundación Sol, el año 2013 llegaba a solo 8,4% y en cuatro regiones el país no supera el 5%. Además, se observa una constante precarización de la negociación colectiva: entre 1990 y 2013, los trabajadores cubiertos por un convenio colectivo (no tienen derecho a huelga) pasan de un 12,8% a casi un 30% del total de quienes negocian.

A los trabajadores nos interesan propuestas concretas, cuando se habla de crecimiento, que signifiquen dejar atrás que, en el incremento de la riqueza que se produce en el país, los trabajadores sigamos excluidos. Queremos recordar que en el Gobierno de Patricio Aylwin (1990-1994) el crecimiento del PIB promedio fue un 7,7%, en tanto que los salarios promedio crecieron un 3,7% y el salario mínimo 6,5%. En el Gobierno de Piñera, con datos del año 2010 al 2013, el crecimiento promedio anual fue un 5,3%, y los salarios medio solo crecieron un 3,0% y el salario mínimo 3,7%.

Creemos firmemente que, tal como en el pasado existía el concepto de desarrollo respecto a la industria, hoy es necesario un compromiso real de los candidatos a incrementar el gasto en investigación tecnológica, del que se habla solo superficialmente, pero por sobre todo creemos que permita que el desarrollo hoy pase por cerrar el abismo de desigualdad existente en nuestro país.

Sabemos que el Estado de Chile, según informaciones oficiales del Banco Central, ha logrado tener solvencia y ahorros significativos, que a la fecha –entre fondos de reservas de pensiones, el fondo de estabilización económico social y las reservas internacionales– sumamos algo más de 62 mil millones de dólares.

Por eso es que queremos escuchar y conocer, de los candidatos que se piensan más allá del crecimiento, qué se piensa hacer para que más de once millones de chilenos no tengan que vivir permanentemente endeudados, considerando que quienes trabajamos en este momento en Chile superamos algo más de ocho millones ochocientas mil personas.

Atrapados en la lógica neoliberal, que supone que obtener altos niveles de crecimiento asegura la felicidad y el desarrollo, los candidatos y candidatas han dejado pasar una oportunidad de acercarse a las demandas del pueblo y los trabajadores y hasta ahora no se visibiliza ninguna propuesta de iniciar una transformación del modelo que se ha basado en transformar las ganancias en capital financiero, no productivo.

Para alcanzar el desarrollo, y que este beneficie a todos los miembros de la sociedad, es indispensable y necesario dejar de depender de las jugadas financieras de los grandes grupos económicos que compiten para aparecer –como vimos– en los listados de millonarios del mundo, y generar condiciones para invertir en proyectos con valor agregado en nuestro territorio.

Para ello es necesario que se impulse un nuevo modelo de desarrollo, el que nosotros creemos debe sustentarse en un proceso de reindustrialización, para que no solo nos dediquemos a la producción de materias primas, cuyas nefastas consecuencias en el medioambiente vemos cada día, sino que avancemos al desarrollo de productos derivados o la inversión en ciencia y tecnología, que permite acceder al tan ansiado crecimiento y, a la vez, alcanzar niveles de desarrollo que nos permitan asegurar derechos como la Educación Pública, Gratuita y Universal, Salud Pública de Calidad, Trabajo y Pensiones Dignas.

 

*Esta columna fue publicada en el diario El Mostrador / sección Mercados

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